Por qué Hiroshima

Construir 1000 grullas de papel

La mejor amiga de Sadako Sasaki la visitó en el hospital donde estaba internada y le recordó esta leyenda japonesa, a través de la cual, si construyes 1000 grullas de papel, se te concederá lo que más deseas.

Desde ese día, Sadako, comenzó a doblar papelitos y darles forma de grulla. Construía grullas con todos los papeles que conseguía, desde envoltorios de regalos para sus compañeros de internación, hasta etiquetas de botellas de medicina. Algunas grullas eran tan, pero tan, pequeñas,que demostraban su gran habilidad y empeño en cumplir su meta.

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Algunas de las grullas que construyó Sadako, exhibidas en el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima

Sacar una foto

Había un joven aficionado a la fotografía, caminando por las calles de Hiroshima, ese 6 de agosto de 1945. Tomaba fotos de árboles y personas, hasta que exactamente a las 08:15 a.m. lo que estaba fotografiando desapareció para siempre.

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Foto de uno de los relojes encontrados en la zona cero, todos parados exactamente en la hora en que la bomba atómica cayó sobre la ciudad

Un poema escrito por Hatsumi Sakamoto, cuando iba a 3er grado del colegio, lo describe mejor:

“Cuando la bomba atómica cayó,

El día se convirtió en noche,

Y las personas en fantasmas”

Veo la primer foto que existe tras la caída de la bomba, sacada por este joven. En una gigantografía, la gente está llorando, con las ropas rasgadas, quemada, nadie sabe qué pasó, la desesperación se ve en sus caras. Abajo, leo una reseña, que decía algo así: “debo haber tardado media hora hasta que pude sacar la primer foto, mis ojos no podían creer lo que veían y estaba aturdido. Cuando me di cuenta que tenía la cámara, empecé a sacar fotos de la situación, pero no pude continuar porque mis lágrimas ante el horror de lo que veía, mojaban todo el visor”.

Un poquito de historia

Durante la II Guerra Mundial y mientras invadía a sus países vecinos uno a uno, Hitler estaba preparando una investigación para crear una bomba atómica. Ante la masiva persecución de judíos que Hitler estaba haciendo en Europa, un físico judío nacido en Hungría, llamado Leo Szilard, escribió una carta pidiendo al presidente Roosevelt de Estados Unidos, que construyera una bomba atómica antes que Alemania lo hiciera. Esta carta estaba firmada por otros científicos importantísimos, entre ellos, Albert Einstein. Con el permiso de Roosevelt, comenzó el “Proyecto Manhattan”, en secreto, destinado a construir dicha bomba. Paralelamente, Estados Unidos declaró la guerra a Japón tras el ataque a Pearl Harbor. Tras el suicidio de Hitler, Alemania se rindió. Los científicos que habían firmado la carta, pensando que el objetivo de construir la bomba sería parar a Hitler, escribieron una nueva petición exigiendo que la bomba no sea utilizada. Pero esta carta fue ignorada por el presidente Truman, quien dió la orden de tirar la bomba. En la primavera del ’45, se comenzaron a estudiar diferentes targets. Las ciudades potenciales tenían que tener un área urbana de por lo menos 3 millas de diámetro, para que los efectos de la bomba pudieran ser bien percibidos. El 25 de julio, una orden fue dada para tirar la bomba en alguna de estas ciudades: Hiroshima, Kokura, Niigata o Nagasaki.El 2 de agosto, Hiroshima quedó como finalista entre todas esas ciudades, por ser la única que no tenía campos de prisioneros aliados. El 6 de agosto, no hubo duda sobre la elección de ciudad: el cielo de Hiroshima estaba totalmente despejado.

Una bomba llamada “Little Boy”

Imagino una ciudad a las 8 de la mañana: la gente yendo a trabajar, los niños en las escuelas…

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“Una libélula revoloteaba en frente de mí y se posó en una cerca. Me paré, tomé mi sombrero en mis manos y estaba a punto de agarrar a la libélula cuando…”

70.000 personas murieron en el acto. Se estima que a finales de 1945, los muertos ascendían a 140.000.

Maqueta de Hiroshima antes de la bomba
Maqueta de Hiroshima antes de la bomba
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La bola de fuego hecha a escala sobre la ciudad devastada

Al momento de la detonación, la temperatura en el hipocentro se elevó ferozmente a 1 millón de grados Celcius y la bola se expandió a unos 280 metros de diámetro. Un segundo después la temperatura se elevó en el hipocentro a 3000ºC – 4000ºC grados ( el sol tiene una temperatura de 5700ºC, el hierro se funde a 1500ºC) y la radiación se expandió de forma poderosa. Las tres energías juntas: la explosión, el calor y la radiación, se combinaron.

Quienes se encontraban hasta 1.2 km del epicentro, fueron calcinados o tuvieron quemaduras que afectaron hasta sus órganos internos. Casi todas estas personas murieron en el acto o a los pocos días. Las personas murieron no sólo por la fuerza de la explosión que las empujó, sino por las estructuras que se derribaron encima de ellos y los objetos que volaron por el aire golpeándolos. La bola de fuego, generó una explosión cuya fuerza se movió más rápido que el sonido.

Radiación sin escapatoria

La bomba atómica fue diferente a otras bombas que usaban químicos, emitiendo energía a niveles inéditos y emitiendo también radiación. Las personas expuestas directamente a esta radiación murieron en el acto. Pero luego, ésta dejó a la ciudad contaminada, y muchos de aquellos que se acercaron a ayudar o a buscar a sus familias luego de la explosión, absorbieron la radiación y murieron a los pocos días.

Lluvia negra

Luego de la explosión, se formó una nube gigante con forma de hongo sobre Hiroshima. Alrededor de media hora más tarde, de esa nube empezó a caer lluvia negra. La lluvia contenía polvo y tierra de la explosión, hollín de los fuegos y materiales radioactivos. Las personas estaban sedientas por el calor insoportable al que habían sido expuestas, y muchas de ellas bebieron esta lluvia con desesperación, sin saber que se estaban envenenando. Esta nube se movío, y la lluvia negra cayó en lugares lejanos al hipocentro, contaminando otras tierras y exponiendo a la radiación a otras personas.

Después

Los rayos de calor, el fuego, la explosión y la radiación causaron todo tipo de trastornos cutáneos que se manifestaron inmediatamente luego del bombardeo. Estos efectos fueron declinando entre los 4 y 5 meses posteriores. Pero luego llegaron nuevos efectos: queloides (crecimiento exagerado de cicatrices por quemaduras) y leucemia. La cantidad de sobrevivientes que contrajo leucemia creció notoriamente luego de 5 años de la caída de la bomba. 10 años más tarde, los sobrevivientes comenzaron a ser diagnosticados con cáncer de tiroides, mama, pulmón y otros tipos, a niveles más altos que los normales. Muchas madres embarazadas perdieron a sus hijos antes de su nacimiento. Los que nacieron con vida, sufrieron microcefalia y deformaciones.

¿Por qué visitar?

De la historia de Sadako, la historia del fotógrafo y tantas otras historias, me enteré hace unas semanas cuando estuve en Japón y tuve la posibilidad de visitar la ciudad de Hiroshima. Me tomé el tren bala que conecta a la ciudad con Kyoto y de ahí fui al exacto punto donde cayó la bomba.

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El objetivo de la bomba era un puente que queda a pocos metros de la clínica quirúrigica donde terminó cayendo. Hoy, esta es la zona cero y única construcción que se mantiene intacta, como patrimonio de la humanidad.

Pero, ¿para qué visitar lugares como Auschwitz o Hiroshima? ¿Para qué leer esto? Es inquietante que además de la belleza en el mundo, exista lo horrible, lo atroz. Ideal sería maravillarse sólo por cosas buenas que el hombre hizo. ¿Las cosas terribles son dignas de  apreciarse? La historia es la única forma de recordar y respetar a las víctimas y reforzar una verdad que existe: el poder es capaz de hacernos hacer cualquier cosa.

En estos momentos, caminando por el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, se retuerce dentro mío una sensación de desprecio a la raza a la que pertenezco. Pero rápidamente aparecen historias de solidaridad y de personas que hacen la diferencia. Y la esperanza.

Imaginar esas tragedias y luego poder ver el lugar, las fotos, los monumentos y hablar con la gente, demuestra que el lugar existe como existe cualquier otra ciudad, que esta mucho más cerca de lo que se pensaba. Que a todos nos puede pasar. Por eso, vale la pena visitar un lugar tan triste: para nunca más quedar indiferente.

El sueño de Sadako

Cuando Sadako tenía 2 años, una bomba atómica lanzada por Estados Unidos en Japón explotó a 580 metros de altura sobre la ciudad de Hiroshima. Las paredes de su casa se cayeron, los vidrios explotaron, y la familia, que estaba desayunando, salió corriendo hacia el río. Desesperados por un poco de agua y por escapar del fuego, se subieron a un bote decrépito. A los pocos minutos, comenzó a caer lluvia negra sobre ellos. 10 años después, Sadako era un atleta que parecía tener una salud perfecta. De repente empezó a estar cansada, con el cuello duro, la cara hinchada. Tras muchos exámenes, fue diagnosticada con leucemia. Su sueño era sobrevivir. Sadako fue parte de una generación de miles de personas que desarrollaron sus enfermedades varios años después de la caída de la bomba.

Al recibir la noticia de su muerte, a los 12 años, sus compañeros de clase sintieron mucho dolor y también mucho miedo (pues ellos también eran sobrevivientes de la bomba). Buscaron, junto a su maestra, una forma de recordarla. No sólo pensaron en construir un monumento para ella, sino para todos los niños afectados por esta tragedia. Frases como “no quiero que existan más bombas atómicas” resonaban, mientras su proyecto se difundió y recibían cartas y dinero de más de 300 escuelas de Japón. Hoy llegan miles de grullas de papel de todo el mundo, cada 6 de agosto, para adornar este monumento, que fue inaugurado en 1958, dos años después de la muerte de Sadako Sasaki.

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Sadako sosteniendo una grulla. En el monumento se puede leer “This is our cry, This is our prayer, For building peace in the world.”

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Por qué construir

Lo que más me impactó de Hiroshima fue la simbología de los monumentos para recordar: una llama que no se apagará hasta que cese la actividad nuclear. A los costados, una hilera de arbustos podados de forma que parecen bolas de fuego envolviendo a personas.

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A la izquierda, la llama que nunca se apaga. A la derecha, arbustos con forma de bola de fuego que envuelven a personas.

Y pienso en el valor de estos lugares y lo importante que es promover espacios para recordar. Muchas veces son creados por el Estado y otras veces, por los ciudadanos. Como la maestra y los compañeros de Sadako, que lograron construir este monumento y son un ejemplo a seguir.

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¿Y ahora qué?

Hiroshima se reconstruyó rápidamente. Japón es un país que está acostumbrado a empezar de nuevo, es un país de terremotos. Ahora, se trata de construir el futuro. En el museo, veo una larga lista de cartas enviadas por el alcalde de Hiroshima al gobierno de Estados Unidos, cada vez que conducen una prueba nuclear. En esta lucha por el desarme nuclear de todas las naciones, Hiroshima sigue siendo protagonista. Varios países fabrican armas de destrucción masiva y ésta protesta no tiene que tener fin.

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Y al final, siempre hay verde

Saliendo del museo, me encontré con una foto de la ciudad de Hiroshima completamente en ruinas y un pequeño arbusto, entre medio de los escombros… y ya no pude contener las lágrimas. Al lado decía:

“Ese otoño en Hiroshima, donde se dijo:’por setenta y cinco años nada va a crecer’, nuevos brotes germinaron en el verde que volvió a la vida. Entre las ruinas calcinadas, las personas recuperaron sus esperanzas de vida y coraje”.

Hiroshima será siempre inolvidable.

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Dejo este video animado sobre Sadako, que cuenta sin palabras su historia:

Nota: todos los datos los saqué del Museo Memorial de la Paz de Hiroshima. Si quieren visitar el website para más información, este es el link: http://www.pcf.city.hiroshima.jp/