Buscando a Ljbubjana

Duda

Me pregunto si Ljubjana sabia que llegabamos ese día y a esa hora, para recibirnos de esa forma…

¿A dónde vamos?

– ¿Y si vamos para Eslovenia?

– ¿Eslovenia?

Me puse a pensar en Eslovenia… ¿Eslovaquia?, ¿Eslavonia? No, no, Eslovenia. ¿Qué sabía yo de Eslovenia, más que su nombre?, ¿por qué me sorprende que haya gente que no sepa dónde queda Argentina, ni que es un país, o lo único que sepa de nosotros es la existencia de Maradona?, ¿qué me imagino cuando pienso en Eslovenia?

Me imagino Europa del Este, un país de cielo gris, ex comunista, con construcciones grises y marrones, gente de pocas palabras, orejas salidas para los costados… Me doy cuenta que no se nada de Eslovenia. Me divierten las cosas que me imagino sobre ese país, influenciada por alguna pelicula de cine clase b sobre algun país de Europa del Este donde secuestran a los turistas y los torturan.

Y la pregunta de si vamos para allá, ya despertó a mi curiosidad. Así que vamos…

¿Pero a dónde vamos? El nombre de la capital del país ya es impronunciable: Ljubjana. Que alguien me explique de qué se tratará Ljubjana, por favor.

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¿Y cómo vamos?

Estamos acampando en Venecia. No en Venecia Santa Lucía, sino en Venecia Mestre, osea, a unos 15 minutos de autobus de los canales y las gondolas. Mapa en mano, perdón, en pantalla. Países limítrofes. Suiza: muy caro. Austria: mejor en mayo. Ahora: Eslovenia.

Por primera vez atino a pronunciarla. Entiendo que Ljubjana se diría Liubiana, después de que una mujer me auxilie cuando me escucha tratando de pronunciar la palabra, en busca de una estación de bondis que venda un pasaje con ese destino. De a poco me acerco a Ljubjana.

Las opciones para llegar a este país desde Italia no están claras. Encuentro una página de Internet que dice que desde Venecia tengo que tomar un tren hasta Trieste, de ahí tengo que tomar un taxi hasta la frontera con Eslovenia y desde ahí otro tren de aparición dudosa (¿el tren fantasma?). Supuestamente nadie habla inglés, no se entiende nada, podés quedar tirado sólo en la frontera por horas y, lo más terrible… el tren está todo escrachado con graffitis. El drama que le adjudicó el escritor del foro a este último hecho de vandalismo, me recuerda lo divertido que es Internet para conocer los diferentes sentimientos de las personas frente a cualquier detalle.

Pero todo es dudoso. El dueño del departamento, cuyas camas alquilamos entre tres por Airbnb para la primer noche en Venecia, nos abre la puerta bastante fumado y en el humo de la habitación nos comenta que hay unas combis clandestinas que cruzan la frontera. La opción da un poquito de miedo, sobre todo después de las películas que mencioné antes. Cruzar un país de forma clandestina… mejor tratemos de no cruzar las rejas. Entonces vamos a buscar un pasaje de autobús, pero nunca podemos encontrar la oficina de Eurolines. Venecia Mestre está totalmente muerto, toda la gente está dormida, es un fin de semana de feriados. La estación de tren está llena de ojos y manos inquietas. Se nos ocurre asociarnos a la pagina Blablacar, que ofrece el siguiente servicio: alguien que va a hacer un viaje en auto publica la fecha, hora y cantidad de asientos disponibles. Generalmente cobran solo la nafta, aunque el precio puede variar. Es una buena forma de ahorrar dinero y reducir la contaminación del medio ambiente. Buscamos a alguien que haga este viaje y encontramos a un conductor que ofrece lugares para el día siguiente. Pero no tiene experiencia ni referencias en el website, aunque nosotros tampoco. Qué paradoja: a veces queremos todas las referencias del tipo que nos va a llevar en su auto o del que nos va a alojar en su casa a través de Couchsurfing, pero qué carajo sabe él de nosotros. La posibilidad de asesino serial es de 50% y 50%. Pero el verdadero problema con el perfil de este hombre es la foto: tiene una cara de loco que da miedo. Nos arrepentimos.

Finalmente, una empleada del camping nos comenta sobre la existencia de esas  combis y llama para averiguar. Al día siguiente nos van a pasar a buscar a la mañana por el camping. Emoción, cosquilleo, ansiedad. Salto al vacío.

Unos kilómetros y a la dimensión desconocida

Estaciona una combi rosa y baja un hombre que es grande como un freezer y blanco como el hielo. Tiene el pelo muy corto, un poco rubio y un poco canoso. Guarda nuestro equipaje en la parte de atras de la camioneta y nos invita a subir. Mientras digo “hola”, entro y veo a tres señores motoqueros sentados. Uno de pelo negro muy largo, atado con una gomita a la altura del cuello. Usa barba candado y un bigote que se sale en puntas y cae hacia los costados. Está vestido todo de negro y tiene una campera de cuero con el escudo de alguna agrupación motoquera. Los otros dos son más jovenes, rapados, tatuados, vestidos de negro, muy blancos. “Qué lindo grupo de viaje”, pienso. Y arrancamos rumbo a la frontera.

Vamos por el camino cuando de repente Italia le dice a Eslovenia “dale, ahora te toca a vos”, y el paisaje hace caso omiso. Después de un mes y medio en Italia, en este momento reaparece esa sensación de adrenalina, de entrar en la zona mágica otra vez. Aparecen pinos por todas partes y montañas, todo se tiñe de un verde intenso, los carteles van abandonando el italiano para convertirse en una mezcla de letras j, k y z con acentos sobre sí mismas y aparecen Iglesias puntiagudas en cientos de pueblitos perdidos en medio de las montañas. ¡Estamos en Eslovenia!

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Por supuesto que no entiendo nada de lo que habla nadie en esa camioneta, pero los motoqueros son buenos compañeros de viaje. Bajan a fumar cigarrillos y palmearse las espaldas. Vamos escuchando clásicos de los años ochenta, de esos que pasan en la radio Aspen Classic. El poder de unión de las canciones mundialmente famosas es enorme, todos los que estamos en esa camioneta podemos tararearlas. Aunque no lo sabíamos de antemano, ya teníamos algo en común. Y el tarareo colectivo me hace sentir que no estamos solos.

Una nueva compañera de viaje nos ayuda. Le pedimos al chofer, a través de una italiana que estudia esloveno (dijo que lloró mucho los primeros meses), que nos deje en el Puente del Dragón, la única indicación que tenemos sobre el lugar donde nos vamos a instalar.

Ljubjana nos recibe

Es domingo. Más domingo imposible: gris, llueve. Por primera vez en un tiempo siento bastante frío. Salimos a dar una vuelta, encapuchados, a ver de qué se trata esto. Caminamos bajo la llovizna por el costado de un río angosto. Todo es verde para donde se mire: el agua del rÍo se está poniendo verdosa por la luz verde de un puente, el musgo y el barro alrededor. No hay un alma en la calle, ni una, lo juro. Los pocos habitantes de esta ciudad y los autos están escondidos en alguna parte. El silencio está más callado que nunca. Y el aire es puro. El 70% de Eslovenia es bosque. Este es un país verde.

Ljubjana es toda nuesta. Su asfalto es húmedo y gris, la luz difuminada de los faroles, el moho, la niebla, los puentes iluminados y los dragones rugientes. La noche está cayendo y, de repente, escuchamos la voz de una mujer. Un canto lírico, lejos, pero su voz es lo único que se escucha en la quietud de este lugar. Empezamos a seguir la voz, como encantados, queriendo saber de dónde viene.

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– Aaaaaahhh…¿Qué es eso?

¿Dónde estarán los eslovenos? Entre la llovizna y la bruma, divisamos dos figuras cubiertas de barro, algas y suciedad que parecen estar saliendo del río. Como sobrevivendo, como si hubieran tocado fondo. Nos acercamos y la escena es bastante tétrica.

Estudiamos a las dos estatuas mientras la voz de la mujer se escucha cada vez más fuerte e hipnotizante, así que nos dejamos llevar por ella, avanzando en su dirección.

Más fuerte, más intensa, más deforme… no, no es una mujer, no es un ser humano.

– ¿Qué es eso?

Encontramos a un anciano, al costado del río, tocando una cuerda. Un instrumento nunca visto. La melodia es macabra. El hombre es sólo una sombra más en la oscuridad. La música que sale de su invento parece un llanto desesperado.

Entre la bruma vemos a dos personas pasar bajo un paraguas. Sobre una colina se ve el castillo iluminado.

Doblamos por una calle llena de casas de colores pastel, cruzamos al otro lado del río por un puente iluminado y nos metemos por unas callecitas donde hay paraguas y zapatillas colgando de los cables.

Qué misteriosa sos Ljubjana… ¿qué nos mostraras cuando te despiertes mañana?

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