La creatividad de la ex – Yugoslavia

“De sangre somos hermanos, de lengua somos primos, por lo menos. Pero de cultura, que es el fruto de muchos siglos de desarrollo separado, somos mucho mas que extranos los unos a los otros…”

– Ivan Cankar, “Eslovenia en Yugoslavia” (Eslovenos y Yugoslavos), 1913.

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La ciudad está llena de impactantes esculturas del artista Jakov Brdar, figuras mitológicas de la Grecia Antigua y las religiones judía y cristiana

Este es el momento de volver a la niñez. Los viajes facilitan mágicas situaciones: transfigurarnos en un niño que solo puede mirar dibujos y formas en los libros, ya que no se sabe leer.

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Una callecita cualquiera y una ciclista

No entender nada no es detalle menor. Acostumbrados a comprenderlo todo, lo más simple requiere de una dosis mayor de energía. Algunos sentidos dormidos se despiertan para trabajar más duro, intentando descifrar los mensajes ocultos que solo los locales pueden entender.

Cuando escuchamos una canción, o leemos un poema, interpretamos el mensaje desde nuestro lugar en el mundo. Rara vez tenemos la chance de discutir con el autor qué es lo que exactamente quiso decir. Y si nos sentamos a charlar con un amigo sobre qué piensa que dice tal parte de una canción, podemos descubrir que creemos cosas totalmente diferentes. La libre interpretación hace que los procesos creativos se multipliquen una vez que el autor se desprende de su obra, creciendo exponencialmente en relación al público. Y eso es fascinante. Porque al mundo no lo vemos como es, sino con nuestros ojos.

Ljubjana, llena de extrañas esculturas y arte callejero no necesita palabras para describir su identidad. ¿Acaso no es el arte un lenguaje universal?

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Metelkova

Un gran museo al aire libre es esta ciudad. Llena de historias de dolor y cicatrices. Pero también llena de historias de libertad. Eslovenia, con solo 2 millones de habitantes, significa “tierra de los eslavos”. Es el país eslavo más cercano a europa, limitando con Italia, el Mar Adriático, Austria, Croacia y Hungría. El de posición estratégica por ser la ruta que conecta a los balcanes con Europa. El que hoy es miembro de la Unión Europea. El que primero fue miembro del Imperio austro-húngaro y que tras la Primera Guerra Mundial pasó a ser parte de Yugoslavia.

¿Qué pensaban los eslovenos en 1918, cuando pasaron a ser parte de Yugoslavia? Algunos pensadores presagiaban un futuro negro. Veían a Yugoslavia como a una ensalada de países, un país sin nacionalidad propia, sin cultura ni lengua común. En el proceso de la formación de Yugoslavia, Eslovenia perdió un tercio de tierra que tuvo que entregar a Italia. Los eslovenos sufrieron todo tipo de persecuciones en épocas de fascismo y Guerra Mundial. Sufrieron del espionaje de su policía secreta, de la escasez de bienes y libertad bajo el mando de Tito. Y tal vez lo que más valoran de su período en el reino de los croatas, serbios y eslovenos, sea la creación de la Universidad Nacional en Ljubjana. De aquí salieron los intelectuales que marcaron el camino a la libertad.

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La hermosa biblioteca de Ljubjana
La hermosa biblioteca de Ljubjana

Tras la Guerra de los diez días, en 1991 Eslovenia consiguió independizarse de Yugoslavia, siendo el país más desarrollado del bloque. Pero Eslovenia no se separó sólo por cuestiones económicas. Eslovenia quería ser Eslovenia.

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Las banderas de la Unión Europea, Eslovenia y Ljubjana

Y esto me hizo pensar un poco en mí. En cuando yo quería ser yo. Mi identidad se relacionaba a poder viajar, escribir, hacer música, expresarme, sentirme libre. Y pensé en todas esas sensaciones de incomodidad que atacan sostenidamente cuando no se está en el camino adecuado. Esas sensaciones que no importa qué parche se les ponga encima, vuelven.

Siglos de cultura, de idioma, de tradiciones precedían a esa forzada unión. ¿Hay algo más valioso que la identidad? Poder expresarse. Y hoy, en la transición del comunismo al capitalismo, Eslovenia se expresa. Y sino, mirá a Ljubjana:

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Ljubjana es una particular mezcla de orden, limpieza y perfección, con casas y calles escrachados de arte. Cualquier espacio libre puede convertirse en una ola de creatividad y es bastante entretenido caminar estas calles. Tiene muchísima personalidad. El centro de la ciudad no permite autos, así que uno se encuentra tranquilo en medio de los aires puros de bosque y el silencio en el que solo se pueden escuchar pasos.

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Castillo de Ljubjana

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Diariamente, en el mercado se venden productos directamente desde la granja
Arriba de todo está la cabeza de Juan Pablo II
Eslovenia está llena de Iglesias católico romanas. Casi un 60% de la población sigue esa religión. Esta es la puerta de la catedral. Arriba de todo está la cabeza de Juan Pablo II.

En un ex predio militar, tomado por ocupas en los noventas, se encuentra el impresionante distrito de Metelkova. Arte callejero, graffitti, escultura, centros culturales: la manifestación abunda.

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Y había algo en el cielo gris de este lejano país de Europa del Este, que hacía que se sintiera bien estar ahí…

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Por una cuestión idiomática no pudimos hablar con muchos eslovenos. La gran parte de nuestro intercambio fue con nuestro genial guía en el Free Walking Tour. El mejor invento para viajeros de bajo presupuesto son estos tours en los que se recorre una ciudad caminando y gratis. A una hora fija todos los días estos guías se reúnen con su público en algún monumento o plaza, y salen a recorrer una ciudad por períodos de 3 horas o más. Al finalizar el tour es posible dejarles una propina de cualquier monto. En Europa existen estos tours en varias ciudades, y cada vez que los hago me quedo asombrada ante el conocimiento de los guías y la pasión con la que cuentan la historia de su país. Son carismáticos, hacen bromas, murmuran secretos, curiosidades, leyendas e historias personales… son apasionantes. A este guía podría haberlo escuchado por cinco horas más, tan ajena toda la historia de este país.

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Así que si andan por alguna ciudad europea, abran google y escriban “free walking tour” junto al nombre de la ciudad, a ver si se ganan unas horas de magia. Este guía era muy simpático, pero no encontramos que el resto de los locales fueran así. Tal vez por no poder comunicarnos o por alguna otra misteriosa razón, la gente nos pareció muy cerrada. Así que una vez más, nos tuvimos que remitir a las imágenes y al arte, la única forma en la que Ljubjana se destapó ante nuestros ojos.

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Y en Ljubjana inclusive encontré mensajes subliminales que me invitan a subirme a alguna alfombra mágica y que no pienso contradecir…

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