Eslovenaizeishion

Hace un tiempo le regalé para su cumpleaños a mi hermano mayor un libro que se llama Colectivaizeishon, escrito en primera persona por un inglés que se tomó todas las lineas de bondis de Buenos Aires (sí, las 140), de principio a final del recorrido. Cuando le pregunté qué le había parecido el libro, me dijo que le gustó mucho, pero que las referencias a los lugares que recorrió son casi mínimas. El tipo más bien se da el lujo de hablar de lo que sucedió arriba del colectivo durante el viaje, en realidad, de cualquier cosa en el camino que le disparó un pensamiento cualquiera. Y de ese pensamiento se iba a otro, y así sucesivamente, en un libertinaje literario total.

Cuando empecé a escribir este blog, sabía que no quería escribir como una guía turística sobre precios o historia (pues para eso hay especialistas maravillosos), sino más bien sobre cosas que pasaban durante el viaje, cosas que se me ocurrían, percepciones particulares del mundo, cualquier cosa, bah. Lo único que quiero es manifestarme. Lo más importante no es el destino, sino el viaje en sí mismo y quien sea que aparezca acá.

Kebab en Eslovenia, en todas partes, bah
Kebab en Eslovenia, en todas partes, bah

Hay lugares de los que no tengo mucho para decir, porque no pasaron cosas más interesantes que el lugar en sí mismo. Y podría haber incluído al Lago Bled en el post anterior, pero me olvidé. Y ahora digo “¿de qué carajo escribo?” Bue, a ver qué les puedo contar hoy… mientras estaba en Eslovenia me puse a pensar que venimos del mundo de las lenguas latinas, las llamadas lenguas romance.

Aparentemente nuestra “Lengua romance” suena muy bonito. Este es el tipo de cosa que uno aprende a valorar cuando viaja. Alguien te dice “amo como suena el español, hablame un poquito, por favor”. En los últimos años me fui sumergiendo en el mundo de las lenguas romance, así como en diversos romances con esas lenguas. Una forma de darle un color extra a los viajes y a las curiosidades en general es, a mi entender, aprender idiomas. Me fascinan las diferentes expresiones que existen para la misma cosa, poder entender las canciones, hablar el lunfardo y sobre todo aprender algunas puteadas.

Mi primer romance fue con el portugués. No puedo explicar el extraño placer que me da intentar hablar esa lengua, ni como busco oportunidades para hacerlo. Sí, hay placer en todo tipo de pequeñas cosas. Después intenté con el italiano. Mientras estuve en Italia fue más fácil ir aprendiendo, aunque ya mezclando hasta no saber qué lengua hablo. El pico de mi problema linguístico fue después de pasar un mes en Marruecos intentando hablar francés, seguido por unas semanas en Portugal, donde me divertí observando las diferencias entre el portugues de Brasil y el de los locales, continuado por un viaje a Roma otra vez. En este destino ya no sabía ni hablar español. Un romance de a tres trae sus complicaciones, yo se los digo…

Un ejemplo muy claro es la palabra “blanco”. En portugués es “branco”, en italiano es “bianco” y en francés es “blanc”. La quinta lengua romance es el rumano, ¿se lo imaginaban? yo no. En rumano se dice “alb”. En un momento me pregunté si aprender rumano, pero consideré que no tendría muchas oportunidades de utilizarlo en Sudamérica, así que desistí…

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Todo este blabla introductorio, es para contarles que en Eslovenia nos sumergimos en una nueva dimensión: la de las lenguas eslavas. Otro de los tantos pequeños grupos y divisiones culturales que existen por el mundo. División puede tener una connotación negativa, pero yo mas bien diría que en el caso de las lenguas es bastante divertida, libre interpretación de cualquier cosa. Son distintas familias de pertenencia, con las que es más fácil sentirnos identificados. En mi primer viaje a Europa, por razones claras, me sentía como en casa en Italia y en España. Pero el día que dije “uh, qué lejos que estoy de casa”, fue el día que llegué a República Checa y me vi cara a cara con una ensalada de letras j,k,z,c, una tras otra, con acentos nunca vistos. No había indicio alguno del significado de una sola palabra. Ni en Alemania me había sentido así: las lenguas germánicas todavía tienen varias similitudes o pistas. Y así comprobé que el lenguaje puede añadir miles de kilómetros de distancia.

Y en el medio de todos estos pensamientos y el desorden de este post sin inspiración, resulta que estamos en Ljubjana. Nos damos una vuelta por el castillo de la ciudad, aquel que en la segunda guerra mundial fue el “hogar” de cientos de presos políticos a lo largo de Europa. Y hoy alberga esta fantasmagórica exposición:

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Quién lo hubiera imaginado: los lugares y sus destinos también cambian: de castillo a prisión y ahora un reloj de Simba arriba de un busto. Bizarro. Cambian sus energías, sus usos y costumbres…

Así que después de embobarnos con Ljubjana, con ese lugar tan lejano y callado, pero tan expresivo a la vez, decidimos conocer un poquito más y nos vamos rumbo a uno de los lagos más famosos del país: El lago Bled. Caminamos hasta la estación de autobuses de Ljubjana, donde encontramos puestitos de pretzels y esas cosas apanadas y con sésamo que venden por estas latitudes. La mujer del mostrador responde a nuestras dudas de forma muy seria y cortante. Me pregunto por qué arrancó un día tan enculada, tan temprano y con una energía tan baja. Será que nosotros estamos felices porque nos vamos de paseo.

Nos tomamos un bondi y nos metemos en el verde profundo del interior del país, entre bosques y casas bajas situadas alrededor de iglesias puntiagudas, miramos por la ventana un paisaje que deja atrás la ciudad. Otra vez estamos en esta situación de estar yendo a un lugar sin tener idea de qué se trata. Después de preguntarle como 4 a veces al conductor si ya llegamos. ¿Viste cuando te subis a un bondi en otro país y te agarra una sensación de tener que preguntar cada 3 minutos si ya llegaste? Bueno, en mi caso me pasa lo contrario, como que confío que vamos a llegar. Pero acá nunca había indicios de llegar, así que insistimos un poquito de más: perdone, señor, ya sabemos que usted hace este camino todos los días, pero nosotros somos 2 argentinos en la otra parte del mundo y estamos más perdidos que turco en la neblina… bastante fastidiado, el conductor nos dice que bajemos. Hacemos caso omiso y aparecemos en una calle, en un paisaje que bien podría ser el de cualquier un pueblito de la Patagonia.

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backstage del viaje: el bondi no viene

Ahora tenemos que preguntar dónde queda el famoso lago. Divisamos un puesto de revistas y gaseosas, pero al asomarnos dentro, no hay nadie. La supuesta estación de autobuses está cerrada. Cruzamos la calle y vamos a un restaurante. Entramos y no hay nadie. Lo curioso es que está abierto y hay música sonando. No hay ni un camarero a la vista. ¿Me parece a mí o la gente se está escondiendo?, ¿O tal vez sea esta la tradición en las diferentes localidad de Eslovenia para recibir al forastero? Salgo del restaurante desconcertada, cuando veo que una mujer entra al puesto de revistas. Rápidamente me acerco a preguntar y la mujer me hace un gesto con la mano, de muy mala manera, de que el lago está por ahí. ¿Me parece a mi o esta senora no parece estar contenta de que estemos ahí? ‘Ma sí, lo vamos a encontrar por nuestra cuenta aunque nadie nos de bola…

Mientras caminamos, discutimos sobre un sentimiento de culpabilidad por perturbar la paz de estos eslovenos. Y nos preguntamos qué pasa en esos lugares donde se dan una serie de caras de culo, cuál es el problema o el motivo. Uno termina preguntándose si la seguidilla de malhumorados es una simple casualidad o una forma de ser. Los motivos pueden ser tantos que es divertido imaginarlos: tal vez estan siendo cordiales de acuerdo a las costumbres de esta parte del mundo. Y concluímos en algo que ya sabíamos: que somos muy latinos, obviamente. Nos gusta el calor, la sonrisa, los gestos, la charla, la interacción. Y nos gusta nuestro lugar en el mundo.

Así que caminamos unos pocos metros y el lago aparece. Claro, esta mujer debe haber pensado “¡es obvio, idiotas!”.Mientras bajamos la cuesta, divisamos un lago enorme, rodeado de montañas con picos nevados. Hay algunos botecitos, algunas parejas enamoradas paseando y cisnes matando las horas todo alrededor.

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Se larga a llover, así que corremos hacia una pérgola a refugiarnos. Nos sentamos en un banco, y encontramos una caja de marcadores de colores y hojas en blanco. Una invitación a expresarnos artísticamente, como le gusta a Eslovenia.

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La lluvia para y sale el sol, mostrando la impermanencia de todas las cosas. Paseamos alrededor del lago, tocamos el ukelele y nos encontramos con un grupo de monjes pasandola bien. Estan en un retiro en esta Iglesia en el medio de un lago. Lindo lugar para conectar con el mundo espiritual.

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A mitad de camino dando la vuelta por el lago, no sabemos si volver o dar la vuelta entera. Es muy largo, pero da curiosidad saber qué hay dando la vuelta entera. Así pasa con el mundo, ¿no? Y entonces como en toda caminata surge la reflexión y empieza a surgir la duda sobre el próximo destino.

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Mientras nos preguntamos por donde seguir el viaje, concluimos que tal vez la mejor forma de poder conectar con la gente de este lugar del mapa sea quedarnos en la casa de un local. No sabemos si ir para Hungría o para Croacia, pero lo cierto es que necesitamos tener un contacto más cercano con los eslavos…

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siguen las esculturas copadas en todas partes

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Las distancias en Europa son tan pequeñas, que viajar de un país al otro es como dudar si ir a Villa Gesell o a Mar del Plata. Generalmente la gente que está en Couchsurfing habla un poco de inglés y entonces podremos llenarlos de preguntas. A veces es la única forma de poder ver cómo son las casas por dentro en un país y cómo viven los locales.

Ese día a la noche decidimos que vamos a tratar de conseguir un anfitrión. Y así le escribo este email al dueño de nuestro posible futuro hogar en Croacia:

Hi Dario,
Me and Martin are both from Argentina. We were traveling through western Europe, but we decided to meet Central and Eastern european countries instead. Two days ago we decided to come from Italy to Ljubjana, Slovenia, a place we had never ever thought of meeting. In this crazy trip, we have just decided to go to Zagreb tomorrow (or maybe the day after tomorrow), and stay for two days. This is a whole new world for us, so there is no better way for meeting it than through the eyes of a local. I´m sorry to send a last minute request, but we have just planned this! I´d love you to host us or give us any advice, or just hang out for a talk! Thanks for reading 🙂 Sabina and Martin”

” Hola Darío, Martin y yo somos de Argentina. Estabamos viajando por Europa occidental cuando elegimos cambiar hacia países de Europa central y del este. Hace dos días que decidimos venir de Italia a Ljubjana, Eslovenia, un lugar que nunca jamas habíamos pensado en conocer. En este viaje loco, acabamos de decidir que mañana nos vamos a Zagreb (o tal vez pasado mañana) y quedarnos por dos días. Este es un mundo completamente nuevo para nosotros, así que no hay mejor forma de verlo que a través de los ojos de un local. Te pido perdón por escribirte este pedido a último momento, pero lo acabamos de planear! Me encantaría que nos hospedaras o dieras cualquier consejo, o simplemente juntarnos para una charla! Gracias por leer 🙂 Sabina y Martin”

Qué caradura que soy, pienso. Le escribo a un tipo preguntándole si puedo ir a su casa mañana mismo, que ni siquiera sé si mañana o pasado, la hora a la que llego, nada. Estoy segura que va a declinar mi pedido. Pero nos contesta sorpresiva y rápidamente:

“Dear Sabina I am fascinated with your realy good letter. Theese days I dont have any time, only I can offer you is sleep but I cannot hang with you because much of job on my rest-house. My adress is xxxxx, feel welcome at my home.”

“Querida Sabina, estoy fascinado por tu buena carta. Estos dias no tengo ningun momento, solo les puedo ofrecer u lugar para dormir, pero no puedo estar con ustedes porque tengo mucho trabajo en mi casa de descanso. Mi direccion es xxxx, sientanse bienvenidos en mi hogar.”

Y así nomas, con este destino surrealista, nos tomamos un tren hacia Croacia. En Zagreb, nos espera en su casa un total desconocido, que ya parece un amigo con los brazos abiertos. A ver qué nos depara el camino…

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