Sentimientos que surgen en Croacia

Querida curiosidad,

Te escribo para contarte sobre algunas sensaciones que se despiertan gracias a tu insistencia y mi posterior procedencia. Resulta que me tomé un tren para Croacia de un día para el otro, principalmente porque estaba muy cerca, en Eslovenia. Y ese es el problema con viajar por Europa, las distancias son tan pequeñas (desde mi punto de vista latinoamericano), que digo “estoy acá, ¿cómo no lo voy a hacer?”, y termino yendo de un lado al otro sin saber bien por qué. Lo que se revela al final es el “para qué”. Sí, ¡para seguir aprendiendo!

Incertidumbre

Tenemos la dirección de un hombre que vive en Zagreb, a quien contactamos la noche anterior y nos invita a dormir en su casa. Mientras esperamos el tren en la estación de Ljubljana la cabeza me da vueltas e imagina cosas. ¿Por qué nos dijo que sí tan rápido, sin preguntar nada?, ¿Por qué preguntamos de un día para el otro? Ni siquiera le confirmamos la hora de llegada o que efectivamente tomábamos el tren ese día. Fuimos a la estación a ver qué onda con los trenes y nos subimos a uno.

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y daaaaleee…

Todo puede pasar y ser en esa tierra nueva a explorar. No tener todo bajo control es lindo. Muy lindo. A mí me gusta. Me complemento con mi compañero de viaje: él es muy organizado y metódico y yo soy todo lo contrario. Comparativamente, me tiro a la pileta con los ojos cerrados: me subo a autobuses sin saber donde bajar y llego a los lugares sin saber nada. Es muy fácil viajar juntos, cada uno le aporta al otro lo que no tiene. Lo cual es divertido porque nos sacamos mutuamente de nuestras zonas de confort.

¿Ya te conté de Couchsurfing? Yo lo vengo haciendo hace un tiempo, pero es la primera vez que Martín lo va a hacer. Tantas otras veces me escuchó contarle de los momentos o sensaciones raras y de gratitud que experimenté yendo a dormir a la casa de desconocidos. Y compartí sentimientos que tuve de sorpresa, amistad, alegría y también de querer irme antes de tiempo o incomodidad. Esta es la primera vez que voy a la casa de alguien de a dos. Por un lado me pone más cómoda, tener un companero para esos momentos donde hay que tomar decisiones. Por el otro, estoy tan emocionada como él, que no se imagina cómo será la situación. Cada vez es algo diferente, cada vez algo nuevo.

Ansiedad

El tren va paralelo a un río entre montañas cuyos árboles rebalsan para todos lados, Eslovenia nos despide con todo su bosque verde en esplendor. Es hermoso. En algúna hora y paraje cambiamos de país.

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Peron 2

Suben los policías de frontera. La situación me da un poco de tensión, no se por qué. Martin tiene pasaporte italiano, pero yo soy del otro lado del mundo y a veces me pregunto si sospecharan algo de mí solo por ser latinoamericana, por venir de lejos, por ser del hemisferio sur. Hay algunas situaciones de frontera en las que uno se siente culpable, no sabe de qué. ¿A vos te pasa? Es muy loco el mecanismo que se activa que percibe un peligro, vaya uno a saber en qué. Recuerdo otro viaje en el que me tomé un autobus de Amsterdam a Berlin. Todos tiraron las drogas antes de subir, pero obviamente nos pararon en la madrugada con perros arriba del bondi y pidiendo pasaportes. Los pasaportes que no eran europeos fueron los últimos en ser devueltos, tras una larga espera. Eran todos pasaportes latinoamericanos y el de una japonesa que tenia el sello de entrada al Reino Unido pero no tenía sello de salida (!). Ahora suben todos estos policías al tren y estudian nuestros pasaportes cuidadosamente. Sin preguntas ni sonrisas, un rato más tarde tenemos un sello de entrada a Croacia y un tren que sigue avanzando, vaya uno a saber hacia donde. Ah, qué bonita sensación una vez más, de atraversar la dimensión desconocida y que todo siga bien.

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Sí, claro

Paciencia e impaciencia

Llegamos a la estación de Zagreb. No sabemos el cambio, ni la moneda. Mientras salimos de la estación, el siempre entusiasta Martin me dice con una sonrisa gigante “Negra, ¡mirá donde estamos!, ¡Estamos en Croacia!, ¡ Mirá a donde vinimos a parar!”. Hay un momento de paz con el objetivo cumplido y de unión en la sorpresa con mi compañero de viaje. Reconozco en él una mirada que sólo vi en mi hermano Rodrigo, cuando hace dos años llegamos a la ciudad de Sienna en Italia. Los ojos le brillaban mientras miraba por la ventana y ví en su mirada a un niño descubriendo algo maravilloso. Y en ese espejo de ojos me veo a mi, y con la mirada de Martin sé que yo también estoy sin aliento, feliz, agradecida, extasiada, maravillada con la vida que estamos logrando, maravillada con estar en Croacia en un día cualquiera, comiéndome un sanguche.

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¡estamos en Croacia!

Nos tomamos un tranvía siguiendo las indicaciones que nos mando Dario (pronunciado Dá-rio). Un viaje que yo me imaginaba sería de 15 minutos, se convierte en uno de 45 y ya me empiezo a impacientar. Y en esos momentos debería decir “pará, ¿por qué te impacientas?, ¡ tenés todo el tiempo del mundo!”, sonreír y seguir.

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Vamos saliendo de la ciudad de Zagreb, hacia la periferia, volviendo al verde. Cuando llegamos al supuesto punto de bajarnos intentamos llamar a Dario pero no podemos comunicarnos con él: no entendemos lo que nos dice la operadora por el teléfono con la tarjeta que nos compramos y no encontramos a alguien que hable inglés y nos pueda ayudar. No tenemos idea de donde estamos. Así que no nos queda otra que tomar un taxi que aparece por ahí.

Sorpresa – risa 

Hacemos señas a un taxista que estaba parado descansando, con la ventanilla baja. Nos subimos casi sin preguntar y el conductor está fumando marihuana, escuchando Shakira con Beyonce. ¿Cómo? Sí, eso. Osea, tira el porro por la ventana justo cuando subimos, el auto es una nube psicodélica llena de olor. Estar todo el día en la calle es una fiesta de situaciones fuera de lo normal. En mi primer viaje de tres meses me acuerdo que pensaba que en Europa estaba llena de gente loca en la calle. Lo que no había percibido es que está lleno de loquitos hermosos en todas partes del mundo, solo que uno no se pasa 12 horas por día en la calle observándolos. Gracias viaje por estas situaciones descolocadoras de la realidad aparente… Le mostramos la dirección de Dario en un papel y los tres partimos cantando Shakira, otra vez unidos solo por la música en un lugar lejano de casa.

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suburbios de Zagreb

Cuando llegamos a destino el taxista grita. Sí, se asoma por la ventana del auto y grita algo en croata.

Timidez

Se asoma por el balcón una mujer llamada Paula. Nos invita a pasar. Aquí empieza ese momento indescriptible de llegar a la casa de un desconocido. Se abre una puerta. No es un hotel, es una persona invitándonos a dormir en su casa, que no tiene la más pálida idea de quién carajo somos. La incertidumbre y timidez es mutua. Paula nos muestra una habitación donde tenemos dos colchones preparados en el piso. Sobre una mesa nos dice que hay una carta para nosotros y cierra la puerta. La escribió Dario, nuestro anfitrión. “Bienvenidos a mi casa, siéntanse como en su hogar. Ahora estoy en el trabajo, pero espero verlos a la noche. Abran la heladera y saquen cualquier cosa para comer, siéntanse cómodos, disfruten. Los veo por la noche”. Magia.

Gula

Paula nos hace pasar a la cocina, donde hay un plato con jamón y otros tipos de fiambres. Trae una gran olla y nos sirve sopa. Son como las 3 de la tarde, pero ella nos quería esperar con una sopa, aunque tuvo que almorzar porque nosotros no llegábamos. Hablemos de la sopa, ese plato que donde sea que fuera servido lo hace a uno sentir como en casa.

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Lo único que no tengo en común con Mafalda es que a ella no le gusta la sopa…

sopa

Tampoco Iorio se podría enojar conmigo. La sopa hace que a la persona que nos la sirve la miremos con ojos de amor. Sí, amor es lo que siento, después de estar semanas en el camino, sin que nadie nos mime, nos de algo calentito, algo que me haga poner los pies sobre la tierra. Qué importancia es la de sentir que se está en un hogar. Y todo por una sopa. Simple como una sopa.

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Aquí estamos, sentados con esta bondadosa mujer de unos 35 años, que nos pide que comamos, mientras ella nos mira. Comemos y charlamos en un extraño ingles croato-argento, pero nos entendemos muy bien. Ella nos cuenta que es cajera de supermercado y que va a la Iglesia todos los días. Paula me dice, genuinamente sorprendida, que en Bélgica la gente no va a la Iglesia. Si supiera de otros lugares en el mundo… Para ella, la Iglesia no es solo un lugar para estar cerca de Dios, sino un lugar de reunión con sus vecinos que hace las veces de centro cultural: allí se reúnen para cantar, leer, cocinar, etc. Aparentemente un grandísimo porcentaje de la población sigue a la Iglesia Católica Romana en Croacia.

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Catedral de Zagreb

El problema con invitarnos a comer es que cual termitas, comemos con desesperación. Después de comer sandwiches durante semanas, un plato de comida real cotiza en bolsa. A pesar de sentir un poco (solo un poco) de vergüenza, yo observo como mientras la dejamos hablar, los fiambres van desapareciendo uno a uno, a la vez que Martin y yo, con disimulo, seguimos sirviéndonos. Ella nos mira, debe pensar “pobrecitos, qué hambre voraz tienen, ni respiran entre bocado y bocado”. La comilona es agravada por la característica del sabor: delicia. Paula nos cuenta que el jamón y todos los fiambres los hicieron ellos, son caseros, de la granja de su padre. Mientras nos cuenta sobre los procesos de preparación y las distintas maravillas que estamos deglutiendo, aprovechamos para exterminar todo resto de alimento. Toda la comida es súper salada y esa noche cuando me voy a dormir siento un extraño sabor en la boca. Es muy fuerte, una sensación en el paladar que nunca había experimentado y me dura por toda la estadía en Croacia. Y ahora tengo sed como si estuviera en el Sahara otra vez.

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Paula nos cuenta que en Croacia hay muchos problemas de hipertensión, causados por estos deliciosos embutidos. Y me acuerdo que en Marruecos me contaron que había muchos problemas de diabetes por la cantidad de tés a la menta que la gente se toma por día. En cada lugar del mundo hay cosas imprescindibles en el plato. Pienso en Brasil y su arroz con feijao. Pienso en nuestro pan en la mesa. Pienso en lo que comemos. Quiero empezar a tener más conciencia, pero eso será en otro capítulo de este viaje. Porque ahora no puedo, ni pienso, parar de comer.

Intriga

Todo es pura observación: estamos en la casa de una pareja de croatas, valga la redundancia, en Croacia. Uno quiere observar si todo es igual, si todo es distinto, qué hay en la heladera, cómo es el baño, cómo son los enchufes, cualquier detalle. Pero Paula se está por ir a trabajar y nos deja solos en su casa. Hace una hora que nos conoce, y nos deja adentro de su casa, solos. Confianza y respeto, son las dos partes de este acuerdo. Y honrarlo es un placer.

Así que diez minutos después decidimos ir a observar un rato el afuera: nos tomamos un tranvía y nos vamos a dar un paseo por el centro. Veo chicas guapísimas, altas, con un look un poco más sexy aquí que el que vi en Eslovenia. Le reporto a mi hermano por whats app la belleza de las mujeres de esta tierra. Paseamos por el centro de la ciudad que alberga varias curiosidades: Un smart shop temático sobre Maradona, un museo de relaciones rotas, gente con disfraces típicos, diseño, graffitti y hermosa arquitectura.

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Maradona en todas partes
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Encontramos a estos personajes con vestidos típicos en una ceremonia con algún político
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Esa pared y ese verde… lugares que me inspiran

Después de caminar por el centro bajo la lluvia queremos volver a las afueras para charlar con los locales, esta vez tenemos la oportunidad.

Fama instantánea

Está cayendo la noche, así que después de tomarnos unas cervezas en un antro temático de El Señor de los Anillos, volvemos a la casa.

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Cuando entramos esta todo oscuro. Escuchamos unas voces en la cocina, pero tocamos la puerta y nadie responde. Nos quedamos afuera esperando. Hasta que alguien abre la puerta, nos ve ahí y dice “pasen”. La situación es muy divertida, la luz de la cocina está apagada, y por todos lados hay lamparas cargadas con luz solar, dando una iluminación muy sutil. Se ven varios pares de ojos.  La oscuridad es interrumpida por el flash de una cámara de fotos que no para de disparar. Es Dario, que trae su cámara y mientras nos abraza cariñosamente no deja de sacarse autofotos con nosotros. Primero fotos y abrazos, después lo podemos mirar a los ojos por primera vez y saludarnos. Nos reímos, nos abrazamos… ¿qué loco, no? ya estamos unidos por la enorme necesidad de dar y recibir afecto que manifiestan algunos seres humanos. ¡ Es impresionante! Tal vez este sea solo el relato de otra historia de amor del viaje.

Hogar

Ellos nos estaban esperando y habían invitado a los vecinos para darnos una bienvenida. Eran un par de chicos muy jóvenes y curiosos. Y un amigo pelado, guitarrero y muy divertido. Nos quedamos cantando canciones y comiendo más y más jamón. Y tomando vino blanco, hecho por ellos mismos, servido de un bidón interminable, que quieren que terminemos. La vida nos sonríe, de un día para otro en Croacia. Los anfitriones y sus amigos cantan para nosotros canciones típicas de Croacia, con gran devoción y pasión. Con mi copa de vino en mano los escucho, sonriendo y por momentos con los ojos llenos de lágrimas. Pensando que tenemos en la mano una varita mágica, para aparecer en situaciones de este tipo de un día para el otro. Que cualquier salto al vacío termina en magia. 

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Y un poco más de vos, curiosidad

Por ejemplo, Dario me cuenta que Croacia es solo un nombre que se usa fuera de Croacia. El país se llama Hrvatska. Y mientras tratamos de pronunciarlo, de a poco nos lleva a un paseo por la historia de su país, que va tiñéndose de gris.  Croacia tiene una posición estratégica por su salida al Mar Adriático. Hoy la habitan aproximadamente 4.28 millones de personas. Entre ellos no solo hay croatas, sino también serbios y bosnios. Tras la separación de Yugoslavia en 1991, quedaron dando vueltas por ahí muchos ex-yugoslavos-no-croatas. A la independencia del estado socialista, le procedieron 4 años de guerra con lo que quedaba de Yugoslavia, que finalizaron en 1995.

Tristeza

¿El mundo se ve a través de los ojos de la persona con la que nos cruzamos cuando no conocemos nada de la historia de su país?, ¿Cómo sería si un croata viene a Argentina y se cruza con un peronista, un moderado o un anti peronista, que defina su experiencia o conclusión sobre nosotros? Dario nos cuenta sobre serbios que están en el gobierno, queriendo controlar hasta la música que se escucha, queriendo que Croacia esté bajo su control una vez más. Nos cuenta un panorama donde no hay mucho aprecio por los países vecinos. Pasamos por los años de nazismo y posterior comunismo con tristeza. Después de esta charla prosigue otra, sobre una nube proveniente de Chernobyl que está arriba de Croacia hace un tiempo. La lluvia que cae de ella contamina los campos y sus alimentos, trayendo enfermedades. Su padre murió de cáncer recientemente, y según Dario él vivió una vida sana comiendo siempre lo que plantaba en su huerto.

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Con Darío hacemos chistes todo el tiempo, comiendo estas frutillas radioactivas

Y ya cuando dejamos Eslovenia estábamos con un sentimiento un poco triste por los aspectos oscuros de la historia del país. Y a veces te toca eso, viajando una nube de tristeza se posa sobre tu camino. A pesar de conocer personas e historias igual de hermosas, las cosas que ha hecho el hombre a sus pares pesan. Y no se olvidan de un día para el otro, creo que todo ese mes tuve este tipo de sensaciones. Que viajar es ver cosas lindas pero también cosas feas, mas de las que uno sabia, imaginaba o quería saber. Me estuve acordando de los emails que le escribí a mi familia en esos dias, y estaba realmente dolida. Las experiencias y personas que voy conociendo en este lugar del mundo van trasmitiéndome un mensaje que me pone en un estado de alerta. Todo no es tan pacífico como imaginaba, el peligro de guerra, el odio, la discriminación, existen. No hace falta que estemos en una 3ra Guerra Mundial. Sabía que este viaje me iba a mostrar al mundo con todo lo que tiene: cosas hermosas y cosas horribles. Dario nos habla viceralmente de lo que sufrió el comunismo en su país. Nos cuenta de atrocidades que ocurrieron en la época de la Yugoslavia y como es la difícil transición que los países ex miembros viven. Mientras está dispuesto a responder a todas las preguntas que le hacemos, y uno no sabe qué lado de la historia le están contando por no hablar con nadie más, muchas realizaciones se presentan en mi corazón. A veces me da por sentir que la índole a la que pertenecen nuestros conflictos es diferente.  No tenemos problemas de límites graves con nuestros vecinos. Vivimos en un sector del mundo bastante pacífico en cuanto a relaciones bilaterales y eso es un privilegio enorme. La historia de nuestras guerras es muy diferente y no tenemos un peligro inminente de ataque o un odio viceral con los países limítrofes. Nos tocó suerte, y en serio lo digo, vivir en nuestro lado del mundo donde la palabra guerra no es parte del vocabulario diario generación tras generación.

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Dario finalmente nos termina llevando a su casa de descanso. Vamos los 4 en el auto, por el campo croata, entre viñedos, pequeños arroyos, enanos de jardín.

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Subimos por una cuesta y visitamos a gente que vive en situación muy precaria. Los invitan a comer. Dario nos lleva caminando a subir la cuesta. De repente aparece una anciana en un tractor, cual escena de los Beverly Ricos en la vida real. Campestre, de dibujo animado. Wow, ¿donde estoy? Por momentos me siento en la película de Borat, por la música y las cosas que veo… Mientras miramos la campiña desde la cima de un monte, vuelve la sensación de tristeza. Esta parte del mundo me encanta, pero las historias que nos están contando me están llegando.

Tantas cosas pasaron en estas latitudes, historias tan duras. Y cuando veo a la gente, todo parece normal, como que no hubiera pasado nada. Pero se que las heridas están dentro de las historias de las familias, detrás de las sonrisas de la gente. Y la vida es hoy, y no es que esta gente ande triste ni nada de eso, solo que en este momento solo puedo ver ese aspecto. Enterándome de cosas que no sabía, más porquerías de la historia de la humanidad.

Presencia

Hace 15 años estaba en una fiesta de 15. De repente estábamos todos bailando alrededor de una mesa con una pata de cordero, saltando, agitando los brazos, haciendo trencito. Y en medio de esa vorágine de expresión instintiva, tuve un momento de lucidez y me pregunté: “¿qué carajo estamos haciendo?”. Y después de pensar en ese momento durante muchos días, me di cuenta que no había mucho más que concluir, más que vivir los momentos con total presencia y entrega a lo que sea que se puedan convertir. No se pueden racionalizar.

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Jabalíes y otros pobres bichos en el living de la casa
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Piedra que mide el nivel de borrachera

15 anos después, me encuentro en total oscuridad en el medio de la campiña croata con Dario y sus amigos. Estamos en una pequeña casita de madera arriba de un monte, tomando vino blanco casero y gritándole a una lechuza, imitando su sonido y escuchándola responder, con eco, desde algún lugar del bosque. Después pasamos una media hora solo emitiendo el sonido “mmmmmmm”. Los efectos del vino croata son muy confusos. Terminamos esa sesión expresiva bailando cada uno con una luz solar en la mano, con música electrónica a todo lo que da, solos en una casa de madera en el medio de la nada, en algún punto de Croacia. Nada tiene que ver con nada, pienso mientras despliego mi magia en la pista. Y es la vida misma, con momentos tan intensos, lindos y tristes, en una rueda que gira sin aparente sentido. Volvemos en un auto todos apretados y a los gritos por la campiña rumbo a la ciudad a dormir en nuestro hogar.

Amor, felicidad y gratitud

Viajamos acá para conocer a un croata y pasar tiempo con él, que fue básicamente de todo lo que se trató nuestro viaje. Queríamos conectar con los locales y el universo nos dio para que tuviéramos. Nos vamos de este país con un gran aprecio por los croatas, a los que les gusta disfrutar de los placeres de la vida: buena comida, buena bebida, cantar, bailar, buena compañía e ir a la Iglesia.

En definitiva, curiosidad, te escribo esta carta para agradecerte por hacerme sentir todas estas cosas, que me confirman que estoy total y completamente viva. Y que al mundo hay que seguir recorriéndolo, cada rinconcito posible, cada personaje, cada intercambio. Todo es absolutamente interesante.

Gracias por hacerme acercar a gente que nunca hubiera cruzado, a países y costumbres maravillosas. Gracias por hacerme amar cada día más a mi país, a nuestra cultura, tradiciones y nuestro lugar en el mundo.

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Satisfacción

Dario dice que no se puede acordar nuestros nombres, así que de ahora en más nos bautiza Ricardo y Mónica. Entre cantos, caminatas por el barrio, conversaciones en el supermercado, el intercambio con este local se vuelve muy apasionante. Sobre todo cuando uno adopta el carácter de entrevistador y el entrevistado habla con gracia, propiedad y pasión. La charla se puede extender indefinidamente. Al final que casi dejamos de conocer todo en Croacia, salvo la casa de Dario. ¿Es una locura venir a un país solo para pasar un fin de semana con una pareja de desconocidos, como si fueran familiares? SÍ, pero también es experimentar otro tipo de viaje, dejarse llevar por la sensación que prime en el momento. Y la libertad que eso da, sobre la sensación de “tengo que conocer esto, ir a este museo, ver ese monumento”, es una linda sensación. Me acuerdo que el último día llegamos temprano a la estación, dejamos las mochilas en un locker y salimos corriendo a recorrer el centro de Zagreb. No podíamos quedarnos más porque en pocos días teníamos que estar de visita en la casa de mi primo, en Austria. La vuelta estuvo muy buena, como cuando te vas de una fiesta en el mejor momento, antes de que decaiga. Definitivamente tendremos que volver.

Después de la borrachera de la noche anterior, Dario nos deja otra carta en la cocina. Nos agradece por haberlo hecho viajar desde casa y por el cariño que le dimos. Está un poco avergonzado por los cantos a la lechuza. Los dueños de casa se fueron a trabajar, así que nos dejaron lo poco que les quedaba para desayunar en la mesa. Mientras le escribimos una carta de respuesta con una caja de chocolates de regalo, me siento satisfecha: quiero viajar por los lugares pero también por sus personas. Y simplemente compartir horas y experiencias con alguien de otra parte, sigue demostrando que todos, donde sea somos parte de lo mismo. No hay diferencias, no importa el nivel socioeconómico, educativo, idiomas, nada. Somos lo mismo, Ricardo y Mónica, Martin y Sabina, Paula y Dario.

Y cerramos la puerta de su casa, dejamos la llave escondida en una maceta y partimos, rumbo a Hungría.

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