Volver con la frente florecida

— Mamá, no voy a volver.

En diciembre de 2014, un pasaje con destino a Buenos Aires, me insertaría forzosamente en un avión para volver a mi ciudad de origen.

El significado de volver, dice en un diccionario que tengo por acá, es “regresar al lugar del que se ha salido”. No al vientre materno, sino al aeropuerto de Ezeiza.

En marzo de 2014 tomé un avión rumbo a Roma y tras 33 horas llegué al primer destino de mi viaje.

El lugar de salida no era sólo físico, sino también mental y emocional. Mi espíritu se encontraba en cierto lugar aquella tarde de marzo y en coordenadas ilocalizables la mañana de diciembre, nueve meses después, en la que decidí no tomar ese avión.

La víspera de las fiestas de fin de año no ayudaba a optar por seguir estando lejos de casa, aunque algo dentro mío me decía que todavía no era suficiente y que quería más. Una pequeña angustia se manifestaba en mi pecho al pensar en volver o quedarme. Nostalgia por lugares que nunca había pisado y expectativa por situaciones que todavía no habían ocurrido. Volver daba vértigo, sensación de ponerle fecha de vencimiento a la libertad.

Durante esos días me dediqué a pedirle su opinión a amigos y familiares. Todos me decían que siguiera viajando, que en Buenos Aires estaba todo igual que siempre, que aprovechara. Mi amigo Pablo, de Estación Manif, me dijo una verdad muy verdadera: “no es volver a Buenos Aires, es simplemente ir”. Nada se termina, ir a Buenos Aires es seguir de viaje. Ahí me di cuenta, que lo que da miedo de atravesar una puerta, es que alguien la cierre con llave detrás tuyo.

La política de la aerolínea permitió solo agregar un par de meses a mi viaje. Triste, supe que no me quedaba otra alternativa que volver a Buenos Aires en la fecha que ellos querían y no en la que yo consideraba propicia. Perder un pasaje de Estambul a Buenos Aires no era una opción para mi billetera. Hoy veo a ese cambio de fechas como si un oráculo de los viajes hubiera calculado el tiempo exacto que yo necesitaba para continuar antes de volver con ganas. Esos meses fueron justa y necesariamente intensos, dejándome lista para ir, esta vez, con más ganas que nunca. Florecida.

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