Aviso de subjetividad

AVISO DE SUBJETIVIDAD

Las historias aquí contadas están teñidas de la subjetividad de quien las vive.

En uno de mis primeros viajes, pase 3 meses en la calle, fuera de casa. Caminaba, andaba en el transporte público, pasaba el día afuera y observaba las cosas con el asombro de quien ve algo nuevo. No caminaba como un zombie como cuando voy y vengo del trabajo. Al principio, tenía la impresión de que en cierto país estaban todos locos, de que en otro país la gente se la pasaba gritando o de que en otro país la gente se besaba desaforadamente en las calles. Luego me dí cuenta que cuando uno pasa más tiempo en la calle que lo común, y se detiene a observar las cosas, encuentra un montón de comportamientos y situaciones de las que tiende a sacar muestras para hacer extrañas estadísticas. Si dos personas se insultaron, todo el país se putea. Si en un negocio te trataron mal, todos los ciudadanos son unos maleducados xenófobos.

Como todo lo que vivimos nos ayuda a formar una opinión sobre las cosas, la fiesta puede ser una cagada para algunos o un exito para los otros, dependiendo de lo vivido. En mi caso, puedo afirmar que lo que marca las opiniones sobre un lugar, son las personas que encontramos en el camino.

Conociendo gente de distintas partes y escuchando sus opiniones sobre lo conocido y lo desconocido, uno toma dimensión del prejuicio y la discriminación que existen en todo el mundo. Cada cual tiene el suyo propio. También se da cuenta que lo importante es escuchar, para poder conocer, para intentar entender.

Y como dijo un sabio por ahí, “no estoy viendo el mundo como realmente es, estoy viendo al mundo como soy yo”.